En el extremo opuesto de la mansión, Leonardo permanece sentado sobre la cama de la habitación que le fue asignada. Al igual que en el resto de la casa, allí la lluvia también se encuentra golpeando el ventanal con fuerza, mientras la lámpara sobre la mesa de noche es la única luz que ilumina tenuemente el espacio. Frente a él descansa su arma de trabajo desmontada sobre una toalla, aunque hace ya varios minutos que dejó de prestar atención a la limpieza rutinaria que normalmente realiza con ab