La luz del amanecer se filtró gris y perezosa por la ventana alta de la habitación, despertando a Maia con una extraña y persistente urgencia en el pecho. Tras la conversación de la noche anterior con Silas en la biblioteca, el peso muerto de la inactividad había comenzado a volverse insoportable. No quería ser una carga pasiva, ni una prisionera silenciosa que se ocultaba entre las sombras de aquella enorme residencia de piedra y madera. El miedo seguía allí, latiendo bajo su piel como un r