La voz desapareció.
Pero nadie se movió.
Durante varios segundos, el silencio fue absoluto.
Maia permanecía inmóvil junto a la ventana, con una mano apoyada sobre su cuello y la respiración entrecortada. Silas la observaba sin saber qué decir. Aiden, en cambio, parecía haber olvidado incluso cómo respirar.
"La hija perdida ha vuelto."
Las palabras seguían resonando en sus cabezas.
—¿Quién era? —preguntó Maia finalmente.
Su voz apenas fue un susurro.
Ninguno respondió.
Maia miró primero