La puerta de la suite se cerró tras Álvaro con un golpe seco que resonó en el corazón de Marianna. Sus palabras —"¿Qué vas a hacer?"— aún colgaban en el aire como un desafío. Y ella había tomado una decisión en una fracción de segundo.
—¡Antonio! —llamó, saliendo corriendo tras Álvaro. El anestesiólogo apareció de inmediato, alertado por su tono de voz. —¿Qué pasa? —¡Quédese con mi hermana! —le ordenó, sin detenerse—. ¡No deje que entre nadie! ¡Absolutamente nadie! Antonio asintió con solemnida