La tensión en la Clínica Mendoza era una niebla espesa que impregnaba cada rincón. Marco, carcomido por unos celos que se negaba a vocalizar pero que ardían en su pecho como brasas tóxicas, encontró refugio en la cafetería donde Laura revisaba unos informes con expresión cansada.
Se desplomó en la silla frente a ella sin preámbulos, el peso de su frustración visible en cada línea de su rostro. "Necesito hablar con alguien que entienda", comenzó, pasándose una mano por el rostro en un gesto de f