UN AMOR ILIMITADO.
Elizabeth despertó aquella mañana llena de dicha, sus planes estaban saliendo tal como lo había planeado, su alma rebosaba, su amado Dragos, por fin, había resucitado, y unido a aquella dulce noticia para Elizabeth, su esposo, el conde regresaba de nuevo a la guerra, Elizabeth,
no sentía nada por él, antes bien en su ser sentía repugnancia y odio, por qué siempre que el conde estaba presenta, ella recordaba que fue el quién lo lanzo a los perros.
Los recuerdos del conde invadían la mente de Elizabeth, a tal grado que Elizabeth sentía un profundo deseo de hacerlo pedazos con sus manos, pero ese día su faz no estaría muerta y de mal aspecto, porque el monstruo se había marchado a primera hora, para Elizabeth era dulce cuando la bestia sádica,
como ella le llamaba en secreto al conde, se marchaba de vuelta a la guerra.
Elizabeth entró a su alcoba, y se puso su mejor vestido, y se peinó, y se roció de un dulce perfume, como esa noche, tuviese una fiesta para encontrarse con el amor, Liv