La silla seguía ahí, entre los dos, ocupando ese espacio que ninguno de los dos había reclamado todavía.
Elena no respondió de inmediato a la pregunta sobre los informes. En cambio, cruzó la habitación con esa parsimonia estudiada que Adrián ya había catalogado mentalmente bajo el epígrafe de *movimientos que deberían ser ilegales por confusos*, y se detuvo frente al cajón con llave que descansaba sobre el escritorio. Lo abrió sin buscar la llave, lo cual era, en sí mismo, una información que A