El silencio de Elena duró exactamente cuatro días.
Adrián lo contó. No porque tuviera algo mejor que hacer —aunque sí lo tenía, una lista interminable de informes que revisar, contactos que verificar y una cadena de información con más agujeros que argumento— sino porque el silencio de Elena era el tipo de silencio que exigía atención. No era el silencio de alguien que se había rendido. Era el silencio de alguien que estaba escuchando.
El consejo lo interpretó de otra manera, naturalmente.
—Ha