La lámpara de aceite parpadeó una vez, como si también necesitara pensar.
Adrián llevaba diez minutos sin moverse de la silla, lo cual era inusual en él. Normalmente su cuerpo procesaba la incomodidad mediante el movimiento: cruzar los brazos, cambiar el peso de un pie al otro, revisar el teléfono con la excusa de que había llegado algún mensaje urgente cuando en realidad solo quería tener algo en la mano. Pero ahora estaba quieto, con los codos sobre las rodillas y la mirada fija en el punto d