El pabellón del lago era un oasis de luz dorada en medio de la oscuridad impenetrable de los bosques de Transilvania.
Las paredes de cristal permitían que la luna se reflejara en el agua, creando la ilusión de que la mesa, adornada con velas de aroma a sándalo y orquídeas blancas, flotaba en un vacío estelar.
Diamond observaba cada detalle con una fascinación que no podía ocultar; nunca en su vida, ni en las mansiones de Nueva York ni en sus breves estancias en Europa, alguien se había tomado l