El solárium del ala oeste era un mundo aparte dentro de la austera mansión North.
Al cruzar el umbral, el aire seco y cargado de tensión de los pasillos desaparecía, reemplazado por una humedad cálida y el aroma embriagador de la tierra mojada y las orquídeas en flor.
Diamond entró con pasos suaves, casi inaudibles.
Había dejado atrás la cocina y a Rona, y aunque el hambre seguía arañando las paredes de su estómago, su rostro era una máscara de serenidad absoluta.
Celine North estaba allí.
La h