El trayecto de regreso a la mansión North estuvo sumergido en un silencio gélido.
Celine, con la mirada fija en la ventanilla, se negaba a dirigirle la palabra a Diamond.
Las sutiles artimañas de Sienna durante el camino habían surtido efecto, alimentando la indignación de la joven North hasta convertirla en un muro de hielo.
Diamond, lejos de rogar por perdón, se reclinó en su asiento.
Por el espejo retrovisor, captó las miradas fugaces de Ridell; ojos grises que la analizaban con una intensid