Diamond sonrió con una ternura fingida a Ridell, dejando que sus ojos brillaran con el rastro de las lágrimas que segundos antes dedicaba a los animales enjaulados.
Ridell la observó en silencio, desviando por un instante la mirada hacia los cachorros.
Un extraño sentimiento de calidez surgió en él ante la aparente vulnerabilidad de la mujer, pero lo desechó tan rápido como llegó.
Es una tonta por llorar por animales que ni siquiera conoce, pensó con brusquedad.
Diamond, fingiendo que no lo hab