El ambiente en la habitación de Diamond se había serenado ligeramente bajo la presencia mediadora de Celine.
Diamond, aún con el rastro de la angustia en sus ojos azules, respiraba con dificultad mientras su cuñada le sostenía las manos.
Fue en ese momento cuando la puerta se abrió y Ridell entró.
Su sola presencia pareció llenar el vacío de la estancia; su uniforme impecable y su porte autoritario traían consigo una extraña mezcla de tensión y seguridad.
Al ver a Diamond un poco más relajada,