El motor del coche se detuvo con un ronroneo suave frente a un centro comercial que Diamond reconoció de inmediato.
Era el mismo lugar que había visitado meses atrás, cuando Transilvania aún le parecía una prisión de hielo y Ridell un carcelero implacable.
Observó a su esposo con curiosidad, notando una chispa de diversión en sus ojos platinados que no solía estar allí.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Diamond, arqueando una ceja—. ¿Tienes alguna reunión con un socio que no pueda esperar?
Ridell s