Como se había convertido en una costumbre agridulce durante los últimos ocho días, Ridell North se encontraba en la habitación de Diamond para la hora de la comida.
El aire entre ellos era denso, casi sólido, cargado de un silencio que Diamond manejaba con la destreza de un esgrimista.
Ella no pronunció una sola palabra; se limitó a mover la comida por el plato con una elegancia mecánica, manteniendo la vista fija en el mantel.
Para ella, Ridell era una presencia intrusa, un recordatorio vivien