La atmósfera en la habitación de Diamond era asfixiante, cargada con el aroma de los perfumes caros que ocultaban el olor de la desesperación.
Diamond estaba sentada frente a su tocador, pero no se miraba al espejo; observaba a través del reflejo a Allen, quien permanecía de pie junto a la ventana, con los hombros caídos y una expresión de derrota que parecía haber envejecido su rostro en una sola noche.
—Padre me ha dado instrucciones —soltó Allen, su voz apenas un susurro que luchaba contra e