El vestíbulo de la villa, que antes resonaba con las risas y los planes de una pareja ilusionada, se había convertido en un mausoleo de sombras y arrepentimientos.
Mark permanecía junto a la puerta principal, escuchando el golpeteo incesante de la lluvia contra la piedra, cuando el estruendo de la entrada lateral lo puso en guardia.
Celine irrumpió en el lugar, con el abrigo empapado y la respiración entrecortada.
Sus ojos grises, usualmente chispeantes, estaban cargados de una furia que solo e