El sol de la isla remota caía sobre la piel de Diamond con una calidez que Transilvania nunca pudo ofrecerle.
Sentada en una tumbona de madera noble, con el sonido rítmico de las olas turquesas rompiendo contra la arena blanca, Diamond parecía la viva imagen de la paz.
Sin embargo, sus ojos azules seguían siendo dos zafiros fríos, vigilantes, fijos en el horizonte donde el cielo se fundía con el mar.
Rune, su aliado —el hombre que ella creía haber perdido y que resultó ser el arquitecto de su s