BASTIÁN
Finalmente, estoy de regreso, bueno, en el aeropuerto, cuando veo a mi hermosa esposa recibiéndome con los brazos abiertos. ¿Con flores?
—¿Flores?
—No siempre tienes que ser tú el que me dé flores. —La beso con tanta necesidad, sin esperar a que me dé las flores; esta mujer es única, lamentablemente dejo sus labios por falta de aire, para luego recibir un abrazo de su parte, que por un instante me deja pensando, pero luego respondo a su abrazo cuando ella deja su rostro sobre mi pecho.