166. FINAL
MARGARETH
Riven debía estar a mi lado cuando entrara en labor de parto. No había otra opción.
No podía arriesgarme a congelar accidentalmente a la partera o atravesarla con una pared de hielo por culpa del dolor de una contracción. Mucho menos incendiar algo. Porque sí, mi magia había decidido evolucionar junto con mi embarazo y eso era tan hermoso como aterrador.
No arriesgaría el bienestar de mi bebé.
Riven palideció cuando se lo dije.
Literalmente.
Fue incluso divertido.
No era normal en