165. CASI EL FINAL
MARGARETH
El calabozo olía a humedad, hierro y miedo.
Un olor espeso.
Pegajoso.
Totalmente deleitable para la ocasión.
Las cadenas de Lady Olinda tintinearon apenas movió los brazos intentando acomodarse contra la pared de piedra. Su aspecto ya no tenía nada de aquella mujer refinada que caminaba por los salones del palacio con vestidos impecables y sonrisa venenosa.
Ahora estaba despeinada, pálida y sudorosa. Y sus ojos... sus ojos por fin reflejaban algo que jamás había visto en ella:
Desesp