145. NO ME RECUERDA
ELIANA
Ya estaba lista para subirme al carruaje e iniciar mi marcha cuando una figura tambaleante se acercó hasta nosotras.
Lizzy.
Por un segundo pensé que era una aparición nacida de mi propia ansiedad. Su piel seguía demasiado pálida, casi translúcida bajo la luz de la tarde, y sus pasos eran inseguros, como si cada movimiento le exigiera más de lo que su cuerpo podía dar.
Margareth llegó a ella en cuestión de segundos.
—Ella sigue muy débil. Supuse que tú la cuidarías mejor —afirmó, clavando