153. TODO REGRESANDO A SU LUGAR
MARGARETH
Las miradas ya no me quemaban... pero tampoco habían desaparecido.
Poca mostraban empatía real. La mayoría eran como espinas finas, constantes. Algunas cargadas de desprecio, otras de desconfianza. Unas pocas... de miedo.
Pero ninguna de ellas importaba.
Porque a mi lado estaba él.
Mi mano descansaba entrelazada con la de Riven cuando la voz del rey llenó el salón del trono, firme, solemne, imposible de ignorar. El veredicto cayó como una piedra en agua quieta... y las ondas se expand