146. EL LUGAR AL QUE PERTENEZCO
LIAM
La escasa luz de la luna que se filtraba por el ventanal me permitía contemplar sus bellas facciones mientras me narraba nuestra historia.
El resplandor plateado acariciaba su piel pálida, hacía brillar sus cabellos como hilos de oro y convertía sus ojos en dos espejos llenos de una nostalgia que no terminaba de comprender.
La escuché en silencio.
Cada palabra que salía de sus labios parecía añadir una nueva ola al mar embravecido de mi mente.
No era precisamente la historia de amor con la