154. ¿CRECERÁ SIN PADRE?
LIAM
El agua reflejaba el cielo nocturno como un espejo vivo, apenas perturbado por el roce de sus pies descalzos. No sabía cuánto tiempo llevaba observándola, ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta ese lugar... pero algo en esa escena me mantenía anclado. Mi pecho dolía y se emocionaba en partes iguales, como si este fuera el momento de la revelación más importante de mi vida.
No me atrevía a moverme, como si cualquier movimiento pudiera romper la magia.
Ella danzaba.
No era una danza