152. PACIENCIA DE DEPREDADOR
RIVEN
La noche en Roca Cuadrada no era silenciosa... solo parecía serlo.
El viento rozaba las paredes de la mansión con un susurro constante, como si el propio lugar respirara lento, vigilante. Desde la distancia, ocultos entre sombras que no pertenecían del todo a este mundo, Roduan y yo observábamos.
La casa del marqués no tenía la grandeza de un palacio... pero sí algo más interesante.
Rutina.
Predecible. Ordenada. Frágil.
—No entiendo, señor —murmuró Roduan a mi lado, con la mirada fija en