157. NO DIVORCIO, SI SEPARACIÓN
REY GUILLERMO
El silencio en la sala privada no era descanso. Era castigo. Así se siente cuando enfrentas tus fallas.
Me serví otra copa sin realmente necesitarla. El líquido ámbar osciló en el cristal como si dudara... como si incluso él supiera que no podía ofrecerme consuelo. Bebí de todos modos.
Inútil. Mi mente no se aquietaba. Volvía una y otra vez al mismo momento.
A ella. A mi reina.
No había gritado. No había perdido la compostura como otras mujeres lo harían. No. Ella fue precisa