El Precio de la Paz
Isa Belmonte
La adrenalina se disipa, dejando a su paso un agotamiento que cala hasta los huesos. El apartamento seguro es ahora una escena del crimen, un testimonio mudo de la batalla que acabamos de librar. El olor a pólvora, sudor y el dulzón aroma del tranquilizante se mezclan en el aire viciado. El asesino yace en el suelo, maniatado e inconsciente, mientras Ana y dos de sus hombres más leales se preparan para transportarlo a un lugar donde pueda ser... interrogado.
Mar