Capítulo 31. Solo casualidades

Kosta estaba por completo sumido en la rabia y el dolor, una parte de él le decía que la culpa no fue solamente de Simón y Cándida, sino suya por desconfiando, por dejarse llenar de odio y alimentar su sed de venganza, solo él era culpable por hacerle daño a la mujer que más se sacrificó, a quien lo dio por todo, la que más lo amó y lo esperó.

El nudo en su garganta le impedía tragar, en ese momento detestaba a todos, sobre todo a sí mismo, la rabia bulló en su interior como una poderosa fuerza
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