Capítulo 30. Al que a hierro mata muere a hierro
Ella se quedó viéndolo y segundos después su expresión cambió a una de enojo, y comenzó a mover con la cabeza, un rastro de cordura llegó a su mente.
—¡No! ¡Tú no eres Vasil! Me dijiste que Vasil estaba muerto que solo estabas tú Kostantin y juraste hacerme la vida miserable… y aquí estoy ¿Qué más quieres de mi? —sollozó—. ¡Ya no tengo nada! Me lo quitaste todo. Hasta las esperanzas, que era lo único que me mantenía con ganas de vivir ¿Por qué no me dejaste morir? No quiero vivir más —pronunció