Capitulo diez. Lo que quedó despues del fuego.
La habitación estaba oscura y silenciosa.
No quedaba nada del temblor, del jadeo, del choque electrico que habia llenado el aire horas antes. Ahora solo quedaba el eco suave de dos respiraciones tratando de recuperar un ritmo normal.
Daniel estaba sentado al borde de la cama, con los codos sobre las rodillas y la cabeza inclinada. El pecho aun subia y bajaba con fuerza. Su camiseta estaba tirada en el suelo, y el cabello humedo por la ducha se habi