Capítulo ochenta y seis. Cuando el cuerpo habla.
La semana avanzó sin grandes sobresaltos.
Daniel volvió a su rutina con horarios más cortos. Alexandra siguió trabajando a medio tiempo. Liam tenía una nueva obsesión con construir “casas secretas” usando almohadas y sábanas.
La vida era tranquila.
Demasiado tranquila.
Alexandra, sin embargo, empezaba a notar que su cuerpo pedía pausas más largas.
No era dolor.
No era enfermedad.
Era agotamiento.
Un cansancio suave, persistente, como si cada día