Capítulo ochenta y cinco. Pequeños momentos, grandes promesas
Los domingos se habían convertido en el día favorito de Alexandra.
No había horarios estrictos, ni prisas, ni responsabilidades urgentes. Solo el sonido de la cafetera, la voz de Liam cantando mal una canción inventada y Daniel caminando por el departamento en calcetines.
—Eso debería ser ilegal —dijo Alexandra, divertida.
—¿Qué cosa? —preguntó Daniel, sirviendo café.
—Cantar tan desafinado.
Liam se llevó la mano al pecho.
—¡Mi talen