Capítulo setenta y ocho. Donde duele el recuerdo.
El silencio después del impacto siempre era el peor.
Alexandra no durmió esa noche. Se sentó en el sofá, con una manta sobre los hombros, observando el reflejo de la ciudad en los ventanales. Daniel se había quedado despierto con ella, pero sin invadir. A veces el amor también sabía cuándo callar.
—Ese informe… —dijo ella al fin— lo hicieron después del accidente de mis padres.
Daniel giró apenas la cabeza.
—Nunca me hablaste de evaluaciones psi