Capítulo cincuenta y uno. Sangre que regresa
La lluvia caía sobre Nueva York con una insistencia casi agresiva, golpeando los ventanales del apartamento como si quisiera entrar a la fuerza. Alexandra estaba sentada en el sofá, con las piernas recogidas y una taza de té frío entre las manos. No había bebido un solo sorbo.
Eleanor Hale.
El nombre seguía resonándole en la cabeza como un eco venenoso.
Daniel salió del cuarto de Liam con pasos silenciosos y se detuvo al verla. No necesitó preguntar.