Capítulo cincuenta y uno. Sangre que regresa
La lluvia caía sobre Nueva York con una insistencia casi agresiva, golpeando los ventanales del apartamento como si quisiera entrar a la fuerza. Alexandra estaba sentada en el sofá, con las piernas recogidas y una taza de té frío entre las manos. No había bebido un solo sorbo.
Eleanor Hale.
El nombre seguía resonándole en la cabeza como un eco venenoso.
Daniel salió del cuarto de Liam con pasos silenciosos y se detuvo al verla. No necesitó preguntar. Bastaba mirarla para saber que su mente seguía atrapada en esa revelación.
—Ya se durmió —dijo en voz baja—. Pidió que mañana le hagas panqueques.
Alexandra esbozó una sonrisa breve, cansada.
—Siempre encuentra la forma de traerme de vuelta —murmuró.
Daniel se sentó a su lado, sin tocarla al principio. Le dio espacio. Siempre lo hacía cuando sabía que ella necesitaba ordenar el caos antes de hablar.
—Cuéntame qué recuerdas de ella —pidió finalmente.
Alexandra apoyó la espalda en el sillón.
—Era