Capítulo cincuenta. El nombre que nadie esperaba
La sala de juntas del edificio Hale estaba llena por primera vez en años.
No de voces —porque reinaba un silencio tenso— sino de presencias. Ejecutivos, abogados, miembros del consejo y rostros nuevos que Alexandra reconocía solo por fotografías. Todos estaban sentados alrededor de la mesa ovalada de madera oscura, observándola con una mezcla incómoda de curiosidad y cautela.
Alexandra Hale estaba de pie en la cabecera.
No temblaba.
No dudaba.
Daniel permanecía a un lado, discreto pero firme, como una sombra protectora que no necesitaba mostrarse para imponerse. Carlos estaba del otro lado, con una carpeta bajo el brazo y la mandíbula apretada.
—Gracias por venir —comenzó Alexandra—. Sé que algunos de ustedes no estaban convencidos de que este encuentro fuera necesario.
Un murmullo apenas perceptible recorrió la mesa.
—Pero lo es —continuó—. Porque Hale Holdings está bajo ataque. Y no desde afuera.
Eso captó la atención de todos.
Uno de