Capítulo cincuenta. El nombre que nadie esperaba
La sala de juntas del edificio Hale estaba llena por primera vez en años.
No de voces —porque reinaba un silencio tenso— sino de presencias. Ejecutivos, abogados, miembros del consejo y rostros nuevos que Alexandra reconocía solo por fotografías. Todos estaban sentados alrededor de la mesa ovalada de madera oscura, observándola con una mezcla incómoda de curiosidad y cautela.
Alexandra Hale estaba de pie en la cabecera.
No temblaba.
No dudaba.
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