Capítulo cuarenta y nueve. Quiero que se sepa la verdad.
La víspera del juicio, el aire en Manhattan parecía más denso. Había algo en el cielo nublado que presagiaba tormenta, y no era solo el clima. Era como si la ciudad contuviera el aliento antes del impacto.
Kyan llegó a la sede de su firma temprano. No había dormido más de tres horas. El eco de los recuerdos, las palabras de Nicole, y la imagen del nombre de Theo escrito con su puño y letra lo mantenían despierto, vibrando con una mezcla