Capítulo cuarenta y uno. Promesas que se quedan.
La mañana entró al apartamento de Daniel sin pedir permiso, filtrándose entre las cortinas claras y despertando al mundo poco a poco.
Alexandra abrió los ojos primero. Durante unos segundos no se movió. Escuchó la respiración tranquila de Daniel a su espalda, su brazo rodeándole la cintura con una naturalidad que todavía la sorprendía. No era posesión. Era pertenencia compartida.
Desde el otro lado de la pared llegó una risa pequeña, seguida de p