Capítulo cuarenta y uno. Los secretos de la familia Byron.
El amanecer llegó sin pedir permiso.
Nicole no había dormido. El reloj marcaba las seis y doce de la madrugada cuando se sentó frente a la mesa del comedor con una taza de café temblándole entre los dedos. El penthouse estaba en calma, con Millie aún dormida en su habitación y Kyan, que se había despertado una hora antes, encerrado en su oficina, hablando con su abogado. El sobre con las pruebas descansaba sobre el mármol, bajo un pesad