Capítulo treinta y cinco. No tenemos que escondernos más.
El coche negro se detuvo frente al colegio, y apenas Kyan bajó del vehículo, una nube de flashes lo envolvió. Nicole salió justo detrás de él, con Millie de la mano. La pequeña llevaba su mochila rosa y una chaqueta azul que parecía demasiado grande para su cuerpecito. Sus ojos, grandes y brillantes, buscaron la entrada como si eso fuera un refugio seguro, ignorando instintivamente las cámaras, aunque su manita temblaba al aferrarse a la