Capítulo treinta y cuatro. Y llegó el escándalo.
El sol no había salido del todo, pero en el penthouse de Kyan Byron no existía ya distinción entre el día y la noche. Las cortinas seguían cerradas, las luces artificiales bañaban las paredes con un tono cálido, casi ilusorio, y el aire olía a café, papeles impresos y tensión.
Kyan apenas había dormido. Iba de una llamada a otra, revisando documentos, borradores de comunicados y reportes de los abogados que intentaban contener el escándalo. Nicol