Capítulo treinta y tres. Haré lo que sea necesario.
Kyan caminaba de un lado a otro del estudio como un animal enjaulado. La alfombra de lana, importada y perfecta, comenzaba a mostrar una leve marca en la ruta que sus pasos repetían sin cesar. Tenía el móvil en una mano y su tablet en la otra. La voz del abogado principal resonaba por el altavoz, pero Nicole apenas entendía una palabra desde el otro extremo del salón.
—Quiero un comunicado antes del mediodía —ordenó Kyan, sin levantar la voz p