Capítulo veintisiete. Cara a cara con la verdad.
Kyan observó a Nicole con una mezcla de desconcierto y determinación. El hombre del pasado había desaparecido tras la puerta, pero la tensión seguía latiendo en la sala como una bomba que no había terminado de estallar.
—Vamos a hablar —dijo él, rompiendo el silencio—. Ahora.
Nicole asintió, aunque su rostro palideció. Millie jugaba en su habitación, ajena al temblor que recorría el apartamento.
Kyan la llevó al salón. Ni siquiera se sentó. Caminaba de un lado a otro como una tormenta contenida.
—No voy a cuestionar que Millie es mi hija porque eso ya lo hemos comprobado y hablado —empezó, tajante—. Pero sí voy a preguntarte por qué un tipo como ese se presenta con amenazas veladas y tú no te atreves a decir su nombre.
Nicole respiró hondo. Tenía dos opciones: seguir ocultando partes de su pasado… o abrir esa caja que había cerrado con tanto dolor cinco años atrás.
—Se llama Rodrigo Montes —dijo ella finalmente—. Fue alguien con quien m