Capítulo veintiocho. ¿Ya me perdonaste?
El silencio nocturno del departamento contrastaba con los ecos de las risas infantiles que aún flotaban en el aire, como si Millie se hubiera llevado la alegría consigo al dormirse. Nicole caminaba por el pasillo en penumbra, con una taza de té entre las manos y el corazón latiendo con fuerza. Sabía que Kyan no se había ido a dormir. Lo había sentido todo el día más presente, más cercano… más suyo.
Lo encontró en el balcón, con la chaqueta desabrochada y