Capítulo dos. Una noche que no debía repetirse.
Marcos Hale no dormía mal. Dormía poco, pero mal jamás. Hasta esa noche.
El recuerdo de Valentina Cruz entrando a su ascensor, mirándolo como si quisiera matarlo y besarlo al mismo tiempo, no le daba tregua.
—Genial —murmuró desde su penthouse—. Justo lo que me faltaba.
Tres años.
Tres malditos años sin verla.
Y ahora estaba de vuelta… dirigiendo una empresa que él quería comprar.
El destino tenía un sentido del humor bastante cruel.
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