Capítulo diecisiete. El pago de una deuda.
El lugar era el mismo de siempre. Una cafetería de mala muerte en un callejón olvidado por la ciudad, donde las luces parpadeaban y la música era solo un murmullo distorsionado. Nicole llegó puntual, con el corazón latiendo a destiempo y la garganta cerrada por el miedo.
Rodrigo ya la esperaba, sentado en la misma mesa del fondo, como si no hubieran pasado años desde la última vez que lo había visto. Seguía siendo el mismo hombre peligroso, con sonrisa