Capítulo dieciséis. Celos ridículos y otras catástrofes.
Valentina descubrió algo aterrador.
Marcos Hale…
era peligrosamente bueno en la vida doméstica.
—Eso no se corta así —dijo él, quitándole el cuchillo—. Te vas a llevar un dedo.
—He cocinado toda mi vida.
—Sí, pero ahora cocinas distraída.
—No estoy distraída.
—Me estabas mirando.
Ella se quedó congelada.
—No te estaba mirando.
—Claro que sí.
—Eres insoportable.
—Y guapo. No olvides guapo.
Valentina rodó los ojos.
Pero se estaba sonrojando