Capítulo quince. No volverás a tocar lo que es mío.
Las luces seguían apagadas. El penthouse, normalmente cálido y luminoso, parecía ahora una cueva fría donde cada sombra escondía un peligro.
Alexandra sostenía a Liam entre sus brazos. El niño temblaba, pero no lloraba; sus ojos grandes y brillantes buscaban a su madre, a su Daniel… cualquier señal de que todo estaría bien.
Daniel, en cambio, estaba sumido en un silencio mortal.
No era un silencio de miedo.
Era el silencio de un hombre que ya eligió a quién destruir.
La frase de Thiago seguía encendida en su mente:
“Todo lo que es de ella… ahora es mío.”
Daniel cerró los puños.
Si Thiago creía que podía acercarse a Alexandra… si creía que podía mirar a Liam, siquiera pensar en él… estaba más muerto de lo que imaginaba.
Con un movimiento rápido, Daniel se levantó y revisó la ventana sellada con muebles. Necesitaba tiempo. Solo unos minutos más. Lo que estaba por hacer no podía esperar.
Alexandra lo miró desde el piso, con los brazos a