Capítulo Once. El verdadero infierno apenas comienza.
La cocina olía a café recién hecho, a mantequilla tibia y a tostadas. Pero había otro aroma mezclándose en el ambiente: la tensión inconfundible que queda cuando dos personas cruzan un límite del que ya no pueden regresar.
Alexandra se detuvo un instante en la entrada, respirando profundo.
Daniel estaba de espaldas, preparando el desayuno. El amanecer entraba por los ventanales y dibujaba sombras sobre la musculatura de su espalda y sus homb